Tres letras

Tres letras

Qué se puede decir de él que ya no haya sido escrito. Lo intentaré. Fue, a todas luces, uno de los más grandes de su época y, por qué no decirlo, probablemente de toda la historia de las artes. Aunque no sólo fue un artista, sino también científico, deportista, historiador. Pero lo más importante, quizás, es que fue una buena persona. Eso es algo que no se valora siempre. Hay personajes famosos de la historia que, siendo tremendamente importantes por su aporte a las ciencias, las artes, la historia, la libertad o lo que fuere, resultaron, con el tiempo, a medida que aparecieron más datos de ellos, datos que en su momento o no fueron considerados o bien fueron directamente ocultados por los biógrafos de turno, ser no muy buenas personas, o, directamente, malas personas. Y con malas personas no me refiero a que anduvieran matando o torturando a hombres, mujeres o niños, como sí ha ocurrido con otros personajes no tan lejanos en el tiempo y menos en distancia, ya que actuaron aquí mismo en nuestro país, personajes a los que se pretende ahora hacer pasar como que sólo cumplieron con su deber, siendo que directamente fueron asesinos o torturadores. Cuando hablo de no muy buenas personas o directamente malas personas, hablo de personajes a los que el resto de la gente les importaba muy poco. Y cuando hablo del resto de la gente incluyo a su círculo más cercano, es decir, a su familia y amigos, si es que tenían. Como fue el caso, por lo que he leído, de Isaac (Newton, no vaya a confundirse con el Isaac bíblico, ni con Isaac Asimov, si con Isaac Bashevis Singer, ni con algún otro), que fue directamente un neurótico, que trataba pésimo a su círculo más cercano. Probablemente, si  se le hiciera hoy una batería de test sicológicos, se llegaría a la conclusión de que padecía de una serie de trastornos. Por un lado, quizás, lo más seguro, esos trastornos le permitieron descubrir lo que descubrió, pero por otro lado, quizás, lo hicieron tratar a sus cercanos como los trataba.

Hay múltiples ejemplos de personajes que tenían carencias o actitudes totalmente reñidas con lo que uno considera debiera ser una buena persona, pero baste con el ejemplo ya dado.

Con respecto al artista, historiador, científico, buena persona, a que me refería en el primer párrafo, hay que decir que vivió en el siglo 19, es decir, en el siglo antepasado. Es a veces difícil para los que  nacimos a mediados del siglo 20, que ya pasó a ser el siglo pasado, hablar del siglo 19 como del siglo antepasado, porque la mayor parte de nuestra vida fue sólo el siglo pasado, pero es algo a lo que ya, pasados 20 años, casi 21, me he ido acostumbrando.

Nuestro personaje (en realidad, mi personaje), fue un pintor de excelencia. Muchos de sus cuadros parecen fotos, así de bien pintaba, pero desgraciadamente en su época, eso no era muy reconocido, eran otras las tendencias, así que pasó un poco desapercibido al principio. Después de unos años, eso cambió, y pasó totalmente desapercibido, lo que sólo cambió hace unas décadas, cuando fue redescubierto. Sólo hay que buscar sus obras, para mí, más famosas, como son El bachiller de Estocolmo y La Condesa fatal.

Con respecto a su obra literaria, sus poemas Era el otro, Cuando moriré y Después de nacer, son, a mi entender, los mejores, aunque debo reconocer que la poesía no es mi campo literario preferido. En estos momentos estoy intentando leer (en realidad lo estoy leyendo, pero me cuesta un poco, nunca me había encontrado, quizás por mi falta de cultura poética, con algo así), Los Gemidos, de Pablo de Rokha(cuyo nombre real era Carlos Ignacio Díaz Loyola). Este poeta chileno, enemigo jurado de Pablo Neruda, y acerca de cuyos desencuentros se han escrito libros, puede no ser del gusto masivo de los lectores, pero sí hay que reconocerle varios puntos. Dentro de esos puntos está el de haber sido muy fructíferos en sus escritos. Otro punto es que sus libros de poesía son todos largos. Además él mismo no sólo editaba sus libros, sino que también los salía a vender por la ciudad y los campos. Probablemente el más conocido sea el llamado Epopeya de las comidas y bebidas de Chile. Si a uno le interesa saber más de su vida, puede leer El amigo Piedra, que es una autobiografía. Dentro de los datos trágicos de su vida está la muerte prematura de su mujer Wineth de Rokha (que en realidad se llamaba Luisa Anabalón Sanderson, y a quien conoció porque le tocó criticar, no muy bien,  un libro de ella, y de quien se enamoró y con la que tuvo 8 hijos)  y de dos de sus hijos, que se suicidaron, igual que él.

Siguiendo con el personaje del que estaba hablando inicialmente, y para no irme por las ramas, sus mejores escritos, creo yo, son dos de sus novelas (aunque escribió, que yo conozca, al menos 10), llamadas Era en abril y Cuando ya no importe. En esas novelas, aparte de la trama, que es muy novedosa y que no contaré acá por si alguien las quiere leer producto de estas líneas, también es interesante la introducción de muchos narradores que cuentan, quizás, la misma trama, pero en diferentes tiempos y desde, obviamente, diferentes puntos de vista. Y que además no enreda al lector, sino que, al revés, le ayuda a entender mejor lo que está pasando con los personajes, que son muchos, pero no tantos, porque al principio `parece que fuera un libro de Tolstoi, por la cantidad de personajes, pero luego ellos decantan en menos, porque los que parecían ser diferentes no lo son, aunque algunos sí.

En el área musical, cabe destacar, entre muchas otras obras, sus sinfonía El animal, El Bruto y su ópera, aunque tardía pero no por eso menos exquisita, Los ramalazos del poder. Desgraciadamente han sido poco difundidas, pero aquellos que las han escuchado han quedado extasiados. Están al menos al nivel de las obras de Tomás Edmunds, por nombrar a alguno más famoso.

Con respecto a sus descubrimientos científicos, baste decir que, como nunca los patentó(como buen artista, era muy descuidado con todas las formalidades), fueron aprovechados por personajes distintos a él y patentados por otras personas, por lo que se les atribuyen a ellos (a los que los patentaron). Investigaciones de hace no tantos años han permitido determinar, sin lugar a dudas, que en realidad esos inventos fueron suyos.  Tendría que escribir un breve ensayo acerca de sus inventos para que se pudiera apreciar en toda su extensión la importancia que tuvo en nuestra vida actual, pero en estos momentos estoy embarcado en otros proyectos, así que no lo haré, aunque no me cierro a la posibilidad de hacerlo en un par de años.

Su labor de historiador se debe principalmente a su exhaustivo afán de perfeccionismo en sus pinturas, para lo que debió, muchas veces, consultar archivos de, principalmente bibliotecas particulares, para poder determinar, por ejemplo, si el sombrero que debía llevar tal personaje tenía ala ancha doblada hacia arriba o hacia abajo, o de si el color más usado en la ropa de las mujeres de la nobleza eran más tirados al color vivo o al color más tradicional. Después de todas esas lecturas, a lo largo de décadas, logró, entre otros, escribir el famoso Historia de la moda en el siglo 17, 18 y 19 en Europa.

En Europa, porque nuestro personaje es europeo. Vivió en lo que era el Flandes antiguo. Pero no nos confundamos, porque Flandes es una palabra que ha servido, depende de la época, para designar diferentes territorios. El más grande de ellos, abarcaba los actuales Países bajos, Bélgica y Luxemburgo, así como parte de Alemania y Francia. El más pequeño, sólo la localidad que lleva ese nombre. Nuestro personaje vivió en el territorio  más grande, no vale la pena especificar el pueblo, porque se movió durante su vida de un pueblo a otro, cada año prácticamente, siguiendo la ruta de las bibliotecas particulares más famosas y completas.

Finalmente fue deportista, porque a pesar de todo el tiempo que destinaba a bucear en las bibliotecas, pintar, inventar y demases, fue de los primeros personajes que quedaron registrados como que habían ascendido a las cumbres más importantes de su zona, entre ellos el Mont Blanc y el Grauspitz.

Como ya podrán haber colegido, de todo lo que escribí anteriormente, el nombre del personaje al que me refiero sólo tiene tres letras. Tres letras solamente, que significan todo lo anteriormente dicho. Tres letras inconfundibles en el panorama artístico y científico de los últimos siglos y quizás de toda la historia. Tres letras.

ULF

Ulf. El apellido está de más. Sólo con estas tres letras, todos, o casi todos, al menos los más informados, sabemos de quién estamos hablando, sin siquiera colocar el apellido. Ulf. De hecho, no colocaré el apellido.